Bennu: un asteroide muy especial

Han hecho falta 27 largos meses para que la sonda espacial OSIRIS-Rex recorriese los 2.000 millones de km que nos separan del asteroide Bennu. Se trata de un cuerpo celeste muy pequeño, de apenas 492 metros de diámetro y con una atmósfera muy débil, circunstancias que han aumentado la complejidad de la misión sobre todo a la hora de conseguir que la sonda logre posarse sobre el mismo.

En el día de ayer, OSIRIS-Rex ya se encontraba a 19 km. del asteroide y será el próximo día 31 de diciembre cuando empiece a orbitarlo a tan sólo 1,25 km de su superficie. La maniobra de acercamiento no resultará nada sencilla debido a las mencionadas pocas dimensiones de Bennu, pero todo está calculado al milímetro, siguiendo una elaborada investigación llevada a cabo desde la Universidad de Arizona. Sus técnicos confían plenamente en el éxito de la misión.

Una exploración muy necesaria.

Según la planificación, que la NASA nos hecho llegar, ahora se abre un periodo de investigaciones que culminará en julio de 2020, cuando el brazo robótico de OSIRIS-Rex se pose, durante cinco segundos, sobre la superficie del asteroide para recoger unas muestras. Se calcula que, al menos, recogerá unos 60 gramos de polvo y roca (tendrá tres oportunidades para realizar la proeza), y después iniciará su regreso a la Tierra con su valioso cargamento a bordo. Según los cálculos, la llegada a nuestro planeta está planificada para el 23 de septiembre de 2023.

Bennu, el asteroide que nos desvelará grandes secretos.

Llama mucho la atención que la NASA haya invertido un presupuesto equivalente a 865 millones de euros en la exploración de un cuerpo celeste tan lejano, pero conviene aclarar que no es un asteroide cualquiera. En primer lugar, su composición tiene mucho que ver con los materiales que conformaron los planetas del Sistema Solar, por lo que estudiando las muestras que nos traiga la sonda tendremos pistas de cómo se pudo originarse la vida en la Tierra. Dicho de otra forma: los materiales que se recojan de Bennu pueden tener una antigüedad de 4.600 millones de años. Por otra parte, los asteroides del tipo estudiado por la misión suelen contener recursos naturales (por ejemplo: agua o diversos metales) que, en un futuro, cuando exista la tecnología adecuada para extraerlos, podría cubrir la escasez de recursos en nuestro planeta.

Pero, quizás, el motivo fundamental que justifica la exploración de Bennu es el estudio de cómo evitar que un asteroide similar pueda colisionar contra la Tierra, tal y como ocurriera en el pasado, provocando extinciones masivas.  En el caso concreto del asteroide que nos ocupa existe un cierto riesgo que choque contra nuestro planeta dentro de 166 años, aunque sólo existe una posibilidad entre 2.700.


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