Déjà vu: la realidad no vivida

Es probable que muchos de nosotros alguna vez hayamos experimentado la sensación de que una determinada vivencia ya la hemos vivido o que nos resulta familiar una ciudad que no habíamos visto ni visitado antes. También, a veces, nos ha podido asaltar una sensación extraña como la percepción de un olor que sabemos que no conocemos, pero que, aún así, no parece tan desconocido. En todos estos casos estaríamos experimentado un déjà vu, vocablo francés que viene a significar «ya visto».

Tradicionalmente, el déjà vu ha sido muy poco investigado dadas las dificultades que entraña el hecho de detectarlo. Hasta hace muy poco, no se conocían métodos científicos para su investigación y esto ayudó, desde siempre, a su inclusión dentro de la Parapsicología y de las demás ciencias ocultas. Según éstas, el fenómeno sólo podía explicarse recurriendo a la reencarnación de una vida anterior, lo que justificaba que nos viniesen a la cabeza los recuerdos y las sensaciones acumulados en otra vida y con otro cuerpo.

Nada más lejos de la realidad, pues el déjà vu es una anomalía física de nuestra memoria perfectamente explicable y analizable. Se trata, para que resulte fácil de comprender, de un solapamiento de nuestra memoria a corto plazo (que nos permite percibir los sucesos como pertenecientes al presente) con la memoria a largo plazo (que nos permite percibir los sucesos como pertenecientes al pasado), y sucede cuando la mente inconsciente percibe el suceso unas fracciones de segundo antes que la mente consciente: es entonces cuando tenemos la sensación de que el suceso nos resulta familiar.

Una de las notas más características del déjà vu es que la sensación de recuerdo es muy fuerte y, en cambio, resulta muy vaga la identificación de la experiencia previa. ¿Quién no ha dicho «esto ya lo he vivido antes, pero no recuerdo muy bien qué pasó»? También resulta curioso que, a medida que pasa el tiempo, sólo se recuerda que se tuvo un déjà vu, aunque no la sensación o la experiencia que nos lo provocó.

Pero, ¿todas las personas pueden experimentar la anomalía? En principio sí, a pesar de que están más predispuestas las que sufren esquizofrenia, ansiedad y, sobre todo, epilepsia del lóbulo temporal. Igualmente, se ha comprobado que determinados fármacos antigripales, como la amantadina o la fenilpropanolamina, aumentan el riesgo de padecerla, lo que ha permitido provocar episodios programados para ser estudiados científicamente.

Existen tres tipos de déjà vu:

  • Déjà vécu: significa «ya vivido» y es cuando tenemos la sensación de que lo que estamos diciendo o haciendo ya lo hemos dicho y hecho antes, rodeado por las mismas circunstancias, por las mismas caras y cosas.
  • Déjà senti: significa «ya sentido». Se refiere a un suceso mental que carece de aspectos pre-cognitivos. Es cuando unas palabras o el tono de una voz, por poner un ejemplo, nos traen el recuerdo de una sensación de miedo jamás antes experimentada pero que, en cambio, nos resulta no extraña.
  • Déjà visité: se traduce como «ya visitado» y está relacionado con la experiencia de creer reconocer o recordar un lugar no visitado antes.

Cada vez son más los científicos que encuentran una relación directa entre el déjà vu y los sueños, ya que en estos la percepción no cognitiva (inconsciente) es mucho más intensa y anterior a la cognitiva (consciente). En otras palabras: los sueños se adelantan a crear recuerdos virtuales aprovechando el material de los recuerdos verdaderos.


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