El amigo imaginario del niño

Resulta extraordinariamente habitual que muchos niños, entre los dos y los tres años de edad, comiencen a desarrollar un mundo de fantasía paralelo a la realidad en la que viven, mundo en el que suele existir un amigo imaginario que muchas veces coincidirá con la figura de un «héroe».

Se trata de una etapa normal en el desarrollo del niño, por lo que los padres no tienen por qué preocuparse.

El amigo imaginario desaparece con el paso del tiempo, sobre todo cuando el niño cumple los siete u ocho años de edad, y tiene perfectamente desarrolladas las funciones del lenguaje, de la lógica, así como la memoria y la inteligencia.

Se han hecho muchos estudios entorno a la figura del amigo imaginario. En algunos se afirma que los niños más propensos a crearla son hijos únicos que sólo conviven con adultos, mientras que otros estudios afirman que el fenómeno se da más en niños sensibles, con mayor imaginación y fantasía.

Causas.

Los niños necesitan crear un universo de superhéroes, de fantasmas, de hadas, de monstruos y de otros amigos para fomentar su capacidad emotiva y desarrollar su creatividad. Así, son capaces de generar una especie de canal por el que filtran sus miedos y alegrías, sus inquietudes y sus deseos más vivos. Esto ocurre porque, a pesar de que el niño es consciente del mundo real, muy a menudo no entiende la realidad que le rodea, y eso le lleva a fabricarse un mundo de fantasía en el que todo es posible, en el que no existen cosas prohibidas y en el que cada problema tiene su solución. Es la etapa del pensamiento mágico de los niños, en la que el amigo imaginario puede ser un peluche, una mascota, un juguete o cualquier otra cosa que estimule su imaginación.

El amigo imaginario tiene vida propia, y esto le lleva al niño a poder conversar con él, a poder jugar e incluso a pelearse. A través de la fantasía el niño libera sus sentimientos, pero también es capaz de proyectar sus conflictos, sus miedos y sus fobias delante de nuevas e incontroladas situaciones, como puedan ser: abandonar el pañal, comenzar en la guardería, cambiar de casa o afrontar cualquier otro tipo de reto. Gracias al amigo imaginario, el niño se siente más seguro, porque si su «amigo» es capaz de vencer al mal, él también puede. El niño se considerará más fuerte, con mayor autoestima y controlará mejor sus emociones. Por otra parte, el amigo imaginario potenciará mejor sus habilidades sociales y le ayudará a comprender otros puntos de vista.

Actitud de los padres.

Muchos padres consideran gracioso el mundo imaginario de su hijo, y es por eso que quieren intervenir, quieren participar. La experiencia demuestra que se incurre en un error haciéndolo, y que tampoco es conveniente estimular al niño ni reprimirle para que siga jugando y conversando con su «amigo». Lo más adecuado es que los padres observen desde la distancia, sobre todo para sacar de las conversaciones que el niño tiene con su amigo imaginario alguna necesidad o deseo importante. También se hace necesario averiguar si su amigo es bueno o malo, pues esto ayudará a que los padres conozcan mejor a su hijo. Por supuesto, nunca se le debe regañar por tener excesiva imaginación, ya que el niño puede sentirse herido hasta tal punto que charlará con su «amigo» a escondidas.

Es muy importante que los padres controlen el tiempo que su hijo pasa con el amigo imaginario, ya que conviene que el niño también disponga de horas para jugar con sus padres y con otros niños. Otra precaución importante consiste en vigilar las ventanas y los objetos peligrosos, ya que, por poner un ejemplo, en su fantasía, el niño puede querer volar como superman.

Motivos para la preocupación.

Los padres sólo deberán preocuparse si el mundo imaginario de su hijo adquiere tal grado de protagonismo y de capacidad de absorción que impida al niño cumplir con sus tareas y obligaciones cotidianas. También, cuando vean que el niño ya no desea tener amigos reales. En el supuesto de que el niño se vuelva retraído o adquiera un comportamiento agresivo debido a un amigo imaginario violento, deberán buscar de inmediato la ayuda de un especialista, ya que situaciones como las descritas podrían generar nuevas complicaciones. En los demás casos no hay motivos para preocuparse, ya que el niño con un amigo imaginario es un niño sano, que no padece problemas mentales ni tampoco experimenta hechos sobrenaturales.


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