La incontinencia urinaria y su prevención

La incontinencia urinaria consiste en la pérdida involuntaria de orina. La persona afectada tiene una necesidad incontrolable de orinar y los escapes pueden producirse por diversas causas, tales como: al estornudar, al toser, al reírse, al realizar algún esfuerzo o al llevar a cabo un ejercicio físico. Es indudable que supone un verdadero problema higiénico, social e incluso psíquico para quien padece la incontinencia, que no es una enfermedad en sí misma sino la consecuencia de una alteración en la fase del llenado vesicular. Se calcula que unos seis millones de españoles la padecen, afectando más a las mujeres que a los hombres. Así, una de cada cuatro mujeres sufrirá incontinencia urinaria en algún momento de su vida, porcentaje que se eleva al 50% cuando se alcanzan los 65 años de edad. También suelen padecerla los niños, sobre todo en las fases del sueño (enuresis nocturna).

Causas.

La incontinencia urinaria se produce cuando la presión en el interior de la vejiga es superior a la presión en la uretra, y puede deberse a una hiperactividad del detrusor por motivos neurológicos; a una alteración del esfínter exterior y de los músculos del suelo pélvico; o al fallo del esfínter interno, ya sea por relajación, lesión orgánica o daño neuronal.

Sin embargo, la causa más habitual es la debilidad del suelo pélvico que es el conjunto de músculos y tendones que cierran la cavidad abdominal por su parte inferior, sujetando y manteniendo en su posición adecuada a la vejiga, al útero y al recto. Estos músculos no se ejercitan habitualmente, y se van debilitando con el paso de los años o debido a todo tipo de factores, como puedan ser: un embarazo, el parto, la obesidad, el estreñimiento, la cirugía en la zona o la menopausia.

Tipos de incontinencia urinaria.

  • Incontinencia urinaria de esfuerzo: la pérdida de orina se produce al realizar cualquier esfuerzo o actividad física (al reírse, al toser, al estornudar, al coger peso, al agacharse…), y los escapes pueden ir desde unas gotas hasta un chorro. Se produce por un aumento de la presión en el abdomen y en la vejiga, pero no es transmitida a la uretra, provocando la incontinencia. Con el debilitamiento del suelo pélvico la vejiga y la uretra caen, por lo que sus mecanismos de continencia sólo son efectivos en reposo.
  • Incontinencia urinaria de urgencia: las pérdidas involuntarias están asociadas a una necesidad imperiosa y repentina de orinar, por lo que existe una conciencia previa. El origen se encuentra en el detrusor y puede ser incontinencia sensitiva o incontinencia motora. En el primer caso está provocada por un aumento de los impulsos sensitivos desde los receptores de las paredes de la vejiga (muchas veces, debido a enfermedades), apareciendo una sensación de plenitud y de urgencia por orinar. En el segundo caso las pérdidas se deben a una hiperactividad del detrusor, un fallo en la inhibición motora del reflejo de la micción, y se debe a mecanismos psíquicos, esfuerzos u obstrucciones.
  • Incontinencia urinaria mixta: la pérdida se produce por una hiperactividad del músculo detrusor junto a un trastorno en los mecanismos esfinterianos. La relajación del cuello vesical permite que la orina entre en la uretra. Al ocurrir esto, el detrusor entiende que se ha iniciado la micción y libera el reflejo que produce su contracción.
  • Incontinencia urinaria por rebosamiento: cuando la vejiga se encuentra distendida por obstrucción e imposibilidad de vaciado. Las causas pueden ser orgánicas o neurológicas. Son orgánicas si se deben a tumores prostáticos o a la hipertrofia benigna de la próstata. Son neurológicas si son debidas a un daño neuronal del núcleo parasimpático medular o del nervio pélvico, en ambos casos provocando que el detrusor no tenga fuerza. El nervio pélvico puede ser dañado por una lesión medular, por la esclerosis múltiple, por la enfermedad de Parkinson, por los accidentes cerebrovasculares o debido a una intervención quirúrgica.
  • Incontinencia urinaria de causa psicógena: asociada a estímulos externos (frío, agua), a emociones fuertes y repentinas (miedo, placer) o a fobias.

Tratamiento y prevención.

Las personas afectadas deben controlar la ingesta de líquidos para evitar la formación excesiva de orina. Para ello, se deberá limitar el consumo de determinados alimentos diuréticos (frutas y verduras), así como procurar tomar las sopas y los caldos espesos. Resulta conveniente beber por las mañanas y menos según avance el día, y adelantar la cena en el caso de los niños afectados por enuresis nocturna.

Ejercicio contra la incontinencia urinaria

También se pueden administrar fármacos, siempre bajo prescripción facultativa, que ayuden a que la vejiga sea capaz de distenderse sin contraerse durante el llenado, mientras la uretra permanece cerrada. Los fármacos más utilizados son los anticolinérgicos que disminuyen la capacidad contráctil del detrusor, pero están contraindicados para enfermos con glaucoma y arritmias cardiacas.

Una forma muy apropiada para prevenir la incontinencia es ejercitar los músculos pélvicos mediante los ejercicios de Kegel. Uno de ellos consiste en sentarse en el inodoro y orinar, intentando detener el flujo de la orina a intervalos. Es decir, orinar y retener en muchas ocasiones. Es muy importante que durante este ejercicio no se contraigan otros músculos de la zona, tales como glúteos y los abdominales. Otro ejercicio consiste en meterse un dedo en la vagina y apretarlo, intentando retenerlo dentro.

Cuando la rehabilitación no es posible no queda más remedio que recurrir a la cirugía, con el objeto de acortar y tensar más los músculos afectados. Esto suele ocurrir en un 30% de los casos.

Fuente de las fotos: Google.

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