Mendel: un hombre al que le gustaban los guisantes

Es comúnmente conocido que la Religión no siempre ha ido de la mano de la Ciencia, ya que, a lo largo de los tiempos, muchos avances científicos se han visto frenados en su desarrollo por chocar contra los dogmas, contra las creencias establecidas. Y es que el ser humano ha tardado muchos siglos en entender que ambas, Religión y Ciencia, pertenecen a esferas distintas y que, por tanto, no se hacen una competencia directa, o dicho con otras palabras: que la Ciencia no debe ser entendida como la eterna rival de la fe. Un buen ejemplo de lo que podemos conseguir cuando sabemos conjugar las dos esferas lo tenemos en Gregor Mendel.

Gregor Mendel nació un 20 de junio de 1822, en la localidad de Heinzendorf (en el norte de Moravia, perteneciente a la actual República Checa y entonces de nacionalidad austriaca). Fue bautizado con el nombre de Johann, pero tomó el nombre de su padre Gregorio, justo en el momento de ingresar como fraile agustino en el convento de Brno (en aquella época llamado Brünn). El ingreso tuvo lugar el 9 de octubre de 1843.

Desde muy joven, Gregor Mendel se interesó por averiguar cuáles eran los mecanismos que conducían a que los hijos se pareciesen a sus progenitores, qué explicación había para que todas las naranjas de un árbol tuviesen el mismo color, por qué todas las semillas de una determinada variedad de planta eran iguales y en cambio diferentes a las de otra variedad. Éstas y otras muchas preguntas se agolpaban en su mente, y pronto tuvo la idea aprovechar el huerto del convento y los conocimientos en horticultura que había adquirido de su padre para crear un laboratorio natural, en donde poder estudiar y experimentar sobre lo que posteriormente se conoció como genética.

Para poder realizar sus trabajos de investigación, tenía que vencer a dos grandes enemigos: el tiempo y el dinero. Es por eso que necesitaba una planta con un periodo de generación muy corto y con un alto índice de descendencia (con lo que podía realizar muchos experimentos en poco tiempo), a la vez que debía tratarse de una planta barata y de fácil adquisición. Finalmente, la elegida fue la Pisum sativum, un tipo de guisante que poseía diversas variedades dentro de la misma especie, como son los colores de las semillas, la vaina, el tipo de tallo, etc. Por supuesto, había que evitar a toda costa la autofecundación, y esto se consiguió eliminando las anteras (los extremos de los estambres de la flor) para dominar los cruces. También, en un intento de evitar el polen incontrolado, metió las flores en bolsas en la pretensión de conseguir resultados fiables.

Gregor Mendel, denominó «caracteres» a las características físicas de la planta apreciadas a simple vista (lo que hoy conocemos como fenotipo), y llamó «elementos» a las entidades hereditarias separadas (el genotipo). En 1909, tanto los «caracteres» como los «elementos» pasaron a llamarse genes, nombre que sugirió el biólogo danés Wilhem Ludwig Johannsen, y que concretaba las versiones de diferentes genes responsables de un fenotipo particular llamado alelo. Así, los guisantes verdes y amarillos corresponden a diferentes alelos del gen responsable del color.

Primera ley de Mendel o «Principio de la uniformidad».

Cuando se cruzan dos individuos de raza pura, los híbridos resultantes son todos iguales.

Para entender esta ley debemos explicar primero qué es un organismo homocigótico. Pues bien, un organismo es homocigótico respecto a un gen cuando los dos alelos codifican la misma información para un «carácter», por ejemplo el color de una determinada flor. Para nombrarlos se utilizan letras mayúsculas y minúsculas, así se dice que AA es Homocigótica Dominante y que aa es Homocigótico Recesivo.

Bien, pues ahora imaginemos que tenemos dos organismos homocigóticos, uno dominante (AA) y el otro recesivo (aa). En este ejemplo, supongamos que los alelos están vinculados al gen que determina el color de una variedad de guisantes, de forma que el dominante (AA) pertenece a una planta que da semillas de color amarillo, mientras que el recesivo (aa), está vinculado a una planta que da semillas de color verde. Al cruzar las dos plantas tenemos cuatro combinaciones posibles: Aa, Aa, Aa y Aa (resultado de combinar el primer alelo del gen del color de la primera planta con el primer alelo del gen del color de la segunda planta, el primer alelo de la primera planta con el segundo alelo de la segunda…).

Como vemos en el ejemplo, al cruzar dos plantas de raza pura (una de semillas amarillas y la otra de semillas verdes), obtenemos cuatro posibilidades de híbridos, y todos tendrán las semillas del mismo color que el organismo homocigótico dominante (semillas amarillas), porque en cualquiera de las cuatro combinaciones hay un alelo dominante que determina el color amarillo. Para que un híbrido pudiese dar semillas de color verde debería responder a la combinación aa.

La segunda ley de Mendel o «Principio de la segregación».

Ciertos individuos son capaces de transmitir un carácter aunque en ellos no se manifieste.

Para entender esta ley tomamos dos híbridos del ejemplo anterior y los cruzamos entre sí. Los posibles resultados del cruce serían: AA, Aa, aA y aa. Es decir, tendríamos tres nuevos híbridos con semillas amarillas y un hibrido con semillas verdes, por tanto un cruce entre dos plantas hibridas de semillas amarillas podría originar un nuevo carácter (las semillas verdes) aunque en ellas no se dieran.

En un intento de aclarar más la cuestión, imaginémonos el cruce de dos conejos, el macho con un fenotipo dominante que determina su color marrón y la hembra con un fenotipo recesivo que determina que sea de color blanco. Según la primera ley de Mendel, la camada resultante del cruce estaría formada por conejos sólo de color marrón, en cambio, según la segunda ley de Mendel, si cruzásemos dos conejos de esa camada obtendríamos un conejo blanco por cada tres marrones.

La tercera ley de Mendel o «Principio de la combinación independiente».

Hace referencia al cruce polihíbrido (cuando se cruzan dos o más «caracteres»). Así, Gregor Mendel trabajó estos cruces en los guisantes, en los cuales las características que él observaba (color y rigurosidad de la piel) se encontraban en cromosomas separados. Observó que estos caracteres se transmitían independientes unos de otros, aunque esta ley no se cumplía si dos genes estaban muy cerca y no se separaban en la meiosis.

Divulgación de su obra.

Gregor Mendel presentó sus trabajos en la Sociedad de Historia Natural de Brünn, el 8 de febrero y el 8 de marzo de 1865, para publicarlos posteriormente bajo el título «Experimentos sobre hibridación de plantas», en 1866. Sus trabajos fueron ignorados por completo, y tuvieron que pasar treinta años para que fueran reconocidos y entendidos. Las investigaciones de Mendel continuaron en el terreno de la apicultura, aunque sus avances con las abejas fueron mucho más limitados.

Mendel ostentó diversos cargos, entre ellos el de director emérito del Banco Hipotecario de Moravia, fundador de la Asociación Meteorológica Austriaca o titular de la prelatura de la Real e Imperial Orden Austriaca del emperador Francisco José I.

Gregor Mendel falleció el 6 de enero de 1884, a causa de una nefritis crónica.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *