Andrómeda nos ataca

El impacto entre nuestra galaxia y Andrómeda es todo un hecho y las últimas investigaciones científicas han arrojado más luz sobre cómo será.

Corría el año 1959 cuando se descubrió que la galaxia Andrómeda estaba dirigiéndose hacia la nuestra, La Vía Láctea, con una fuerza de atracción entre ambas que hará inevitable la colisión. Es por eso que, desde entonces, se han realizado multitud de estudios al respecto que han ido afinando los cálculos, y hoy sabemos que la velocidad de atracción es de unos 115 km por segundo (unos 400.000 km/h) y que el choque tendrá lugar dentro de unos 4.500 millones de años.

Pero no debemos preocuparnos pues, cuando la colisión se produzca, seguramente ya no quedarán vestigios de vida en la Tierra. Para entonces, el Sol, que todavía no habrá consumido todo su hidrógeno y que por tanto no habrá pasado a ser una gigante roja, sí que habrá incrementado de forma extraordinaria su radiación, abrasando nuestro planeta y acabando por completo con nuestra atmósfera.

Un litigio entre dos gigantes

Conviene señalar que La Vía Láctea es una galaxia con un tamaño considerable. Su diámetro es de unos 100.000 años luz y alberga en su interior entre 200.000 y 400.000 millones de estrellas. Una de ellas es nuestro Sol, que se encuentra en la parte media de unos de los brazos externos de la galaxia.

A unos 2,5 años luz de distancia de nosotros se encuentra Andrómeda, otro gigante que dobla el tamaño de nuestra galaxia y que reúne a casi un billón de estrellas.

La fuerza gravitatoria entre ambas galaxias es tan grande que condiciona el comportamiento de otra treintena de estructuras similares, que orbitan entorno a Andrómeda y a La Vía Láctea como si fueran meros satélites. A todo este conjunto se le conoce como el Grupo Local de galaxias.

Un descubrimiento extraordinario

La sorpresa surgió hace unos meses cuando un grupo de científicos avanzaron que la temida colisión en realidad ya ha comenzado. Para entender mejor su explicación debemos considerar qué estructura suele tener una galaxia.

Todas las galaxias tienen en su parte central un agujero negro, y en el caso de La Vía Láctea se trata de uno muy masivo, de unos 4 millones de veces la masa del Sol. Rodeando al agujero negro, nuestra galaxia tiene un bulbo formado por una alta densidad de estrellas, y en el interior de éste incluso encontramos a otra pequeña galaxia que, hace mucho tiempo, fue absorbida por la nuestra. En una capa más exterior se encuentran los brazos en espiral de La Vía Láctea y, envolviendo al conjunto, una especie de halo, una gran esfera formada por polvo y gases que es la responsable de la formación de muchos miles de millones de nuevas estrellas.

Desde la Tierra, al encontrarse en el interior de nuestra galaxia, no se puede detectar el halo que nos rodea, pero los científicos sí que han podido detectar el que envuelve a Andrómeda, que es inmenso y que se extiende con un diámetro que oscila entre los 1,7 y los 2 millones de años luz. Siendo así, todo parece indicar que los halos de Andrómeda y de La Vía Láctea ya se estarían tocando.

Una colisión muy especial

Durante un tiempo los científicos pensaron que la colisión entre las dos galaxias sería frontal, pero hoy sabemos que no será así. Más bien, las galaxias llegarán a entrecruzarse y la mayor parte de sus estrellas y cuerpos celestes ni siquiera se tocarán. Esto ocurrirá porque las distancias entre las estrellas son enormes y gran parte de las galaxias están compuestas por espacio prácticamente vacío.

En un primer momento, las enormes fuerzas gravitacionales harán que Andrómeda vaya girando hasta ponerse de canto con respecto a la nuestra, y será en esta posición en la que se calcula que atravesará uno de los laterales de La Vía Láctea. Posteriormente, tras el primer contacto, las galaxias se separarán una determinada distancia hasta volver a atraerse, para acabar volviendo a juntarse y esta vez fusionarse.

De esta forma, las dos galaxias espirales darán lugar a una elíptica en la que se fusionarán sus dos agujeros negros (con masas de 4 y 80 millones de soles). En este proceso, todos los brazos espirales de estrellas se contraerán, aumentando la temperatura de la galaxia resultante que se convertirá en un hervidero de millones de nuevos astros.

El proceso completo, desde el primer entrecruzamiento hasta la fusión final, se prolongará durante unos 3.000 millones de años y, como dato curioso, podemos puntualizar que los científicos han decidido dar a la galaxia resultante el nombre de Lactómeda.

Conviene señalar que, tras la fusión, en una etapa inicial, millones de estrellas serán lanzadas fuera de la galaxia, y éstas la orbitarán, durante algún tiempo, para después caer nuevamente en interior de la galaxia o formar pequeñas galaxias satélites.

Otros dos actores en discordia

Por si todo lo explicado fuese poco, existen otras dos galaxias, pertenecientes al Grupo Local de galaxias, que también intervendrán en la formación de Lactómeda. Se trata de la galaxia M33, también llamada del Triángulo, y de la Gran Nube de Magallanes.

M33 o Galaxia del Triángulo

La primera, con 60.000 años luz de diámetro y que orbita a Andrómeda, puede entrar en colisión contra La Vía Láctea antes de que lo haga su galaxia nodriza. En el supuesto de que la fusión entre Andrómeda y nuestra galaxia se produzca antes, los científicos han calculado que M33 podría estar orbitando a la nueva y supermasiva galaxia durante algún tiempo, para después terminar cayendo al interior de ésta.

En lo que se refiere a la Gran Nube de Magallanes, satélite de nuestra Vía Láctea durante los últimos 1.500 millones de años y a una distancia de ésta de unos 163.000 años luz, se cree que terminará siendo absorbida por La Vía Láctea dentro de 2.000 millones de años. Esto provocará un tsunami de 30.000 millones de nuevas estrellas que convulsionarán a nuestra galaxia mucho antes de que lo haga el choque con Andrómeda.

La Gran Nube de Magallanes

El futuro de nuestro Sistema Solar

Dentro de este panorama desolador, los expertos han calculado que nuestro Sistema Solar podría correr una suerte incierta dependiendo de cómo se den las circunstancias.

Una hipótesis contempla que, tras la absorción de la Gran Nube de Magallanes por parte de nuestra galaxia, el Sistema Solar podría ser lanzado fuera de la galaxia resultante, donde permanecería orbitándola durante 2.000 millones de años hasta que se produjese la fusión que daría origen a Lactómeda. En ese momento nuestro sistema planetario sería nuevamente absorbido por la gran masa galáctica.

Otra hipótesis, la más admitida, baraja la posibilidad de que el Sistema Solar permanezca siempre dentro de nuestra galaxia, pero mucho más alejado del centro galáctico después de la fusión con Andrómeda.

En cualquier caso, difícilmente estaremos aquí para comprobarlo.

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