La enfermedad de Lyme

Aunque no es muy habitual, la enfermedad de Lyme puede ocasionarnos muchos problemas si no la tratamos a tiempo.

La enfermedad de Lyme es una infección provocada por la bacteria Borrelia burgdorferi, que suele encontrarse en animales tales como ratones, ratas o ciervos.

La infección a los seres humanos se realiza a través de las picaduras de las garrapatas del género Ixodes, que se infectan con la bacteria al picar al animal portador. Se transmite posteriormente al ser humano mediante una nueva picadura que introduce la bacteria en el torrente sanguíneo.

No estamos hablando de una enfermedad contagiosa entre seres humanos, pero sí que es posible que una misma persona se infecte en más de una ocasión si recibe varias picaduras. No obstante, sólo entre el 1% y el 3% de los casos terminan desarrollando la enfermedad.

Un diagnóstico difícil

La enfermedad de Lyme tiene difícil diagnóstico, entre otras cosas, porque las personas infectadas no son conscientes de que han sido picadas por una garrapata. Esto es así debido al diminuto tamaño de éstas, ya que las inmaduras (ninfas) tienen aproximadamente el tamaño de una semilla de amapola, y las adultas llegan al tamaño de una semilla de sésamo.

Garrapata del ciervo

Por otro lado, las picaduras suelen pasar desapercibidas por idénticos motivos, y en lo referente a los síntomas iniciales son fácilmente confundibles con los de otras patologías.

La enfermedad se desarrolla en varias fases

La enfermedad del Lyme puede afectar a varios sistemas, como puedan ser el sistema nervioso, las articulaciones, la piel y el corazón. El desarrollo se lleva a cabo a través de tres fases o estadios, aunque no necesariamente el paciente pasa por todos.

Estadio 1:

Aquí aparece el primer signo de la infección en forma de una erupción o sarpullido circular. La aparición suele tener lugar durante la primera o la segunda semana después de la picadura, aunque puede retrasarse hasta 30 días.

En cuanto a la erupción, tiene un aspecto característico de «ojo de buey», con un punto rojo y circular en el centro rodeado de un sarpullido en forma de anillo, y también rojo, que se va extendiendo.

La erupción suele estar caliente al tacto, aunque no provoca ni dolor ni picor. Al cabo de un mes desaparece, y la mayoría de los pacientes dan por superada la enfermedad en esta fase.

Estadio 2:

Junto con la erupción, los pacientes presentan síntomas muy parecidos a los de la gripe, como ganglios linfáticos inflamados, fatiga, dolor de cabeza y molestias musculares. Estos síntomas pueden remitir solos, pero en algunas personas la infección puede extenderse a otras partes del cuerpo.

Este estadio es común que se desarrolle a partir de la tercera semana después de la picadura, y los afectados se sienten muy cansados e indispuestos, incluso llegan a presentar erupciones cutáneas en sitios diferentes a donde tuvo lugar la picadura.

Otras complicaciones se manifiestan mediante un dolor torácico o un latido cardiaco irregular, y se pueden extender al sistema nervioso, provocando parálisis facial y hormigueos o pérdida de sensibilidad en brazos y piernas. También puede provocar dolor de cabeza y rigidez en la nuca (signos confundibles con la meningitis), así como inflamación y dolor en las grandes articulaciones.

Estadio 3:

Se produce cuando los dos estadios anteriores no se detectan a tiempo o son tratados de forma inadecuada.

Los síntomas de esta fase pueden aparecer en cualquier momento, desde varias semanas a varios años después de recibir la picadura, e incluyen artritis (inflamación de las articulaciones), sobre todo en las rodillas, y lapsus de memoria (generalmente en pacientes adultos).

Tratamiento y prevención

No existe ningún tipo de vacuna para la enfermedad de Lyme,que se trata con un ciclo de antibióticos de 2 a 3 semanas de duración, siendo la curación rápida si se diagnostica con prontitud. Los afectados suelen encontrarse perfectamente restablecidos después de varias semanas de tratamiento.

Dado que la garrapata del ciervo tiene como hábitat común las zonas boscosas o ajardinadas, se pueden tomar medidas preventivas a la hora de acceder a ellas.

Estas medidas van desde no llevar calzado descubierto y usar botas, hasta llevar las mangas largas, recogerse el pelo bajo una gorra, usar repelentes contra insectos o procurar no sentarse en el suelo. Por supuesto, las ropas en tonos claros ayudan a detectar mejor a la garrapata y, una vez detectada, resultará conveniente arrancarla cuanto antes, ya que tarda entre 24 y 48 horas en introducir la bacteria en el cuerpo humano.

Para arrancarnos una garrapata utilizaremos unas pinzas para sujetarla por la cabeza o por la boca, cerca de la piel. Después, tiraremos con fuerza hasta que se desprenda, y si una parte queda agarrada a la piel no importa, pues caerá por sí sola.

Por último, pasaremos un algodón mojado en alcohol por el área de la picadura. Nunca emplearemos remedios caseros para librarnos del parásito, y ante los primeros síntomas de la posible enfermedad acudiremos a nuestro médico.

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