Las tormentas solares que se avecinan

El Sol está al comienzo de un nuevo ciclo de once años en el que pueden darse grandes tormentas solares que pongan en jaque a nuestro sistema de telecomunicaciones.

Desde septiembre de 2020 sabemos que el Sol había comenzado un nuevo ciclo de actividad. Esto tiene como consecuencia directa que haya más tormentas soleres. El resultado es una mayor frecuencia de las auroras boreales y australes.

Un fenómeno espectacular

Las tormentas solares se dan con la sucesión de varias etapas. En primer lugar, tenemos lo que denominamos llamaradas solares, a las que siguen los eventos de partículas y las eyecciones de masa coronal. No tienen por qué sucederse todas estas etapas, ni todas las tormentas solares afectan por igual a las infraestructuras terrestres o del espacio.

Este tipo de tormentas suelen producirse por una enorme erupción en el Sol, que expulsa al espacio miles de millones de toneladas de materia solar a velocidades de hasta 3.000 km/s. Son nubes de plasma, o eyecciones de masa coronal (CME), y se consideran la forma más relevante de meteorología espacial.

Para que se den estas eyecciones primero tienen que producirse las llamaradas solares, o enormes y repentinas emisiones de energía electromagnética al espacio. Se suelen producir en una región activa del Sol. Dada la enorme velocidad a la que se propagan, sólo tardan ocho minutos en llegar hasta nosotros.

En cuanto a los eventos de partículas solares (SPE) se dan cuando los procesos físicos asociados a las erupciones solares y a las CME hacen ganar velocidad a las partículas cargadas, electrones y protones, en el viento solar. Son muy rápidas, pero mucho más lentas que la velocidad de la luz; es por eso que no las recibimos hasta pasados entre 30 y 60 minutos desde de que tuvo lugar la erupción. Un SPE puede durar entre 1 y 2 días.

Las eyecciones de masa coronal

Las CME más rápidas, como ya se ha mencionado, pueden tener una velocidad de hasta 3.000 km/s y con eso alcanzarían la Tierra en tan sólo 15-17 horas. Se considerarían como una tormenta solar extrema y el impacto en nuestras infraestructuras de la Tierra podría ser muy grave. El motivo es que desencadenan tormentas geomagnéticas que provocan fluctuaciones en el campo magnético y cambios en los cinturones de radiación de la Tierra.

Eyección de masa coronal del Sol (Imagen: NASA)

Por fortuna, la mayoría de las tormentas solares suelen ser de pequeña magnitud, comparada con la necesaria para hacernos daño, y también las CME suelen ser más lentas.

Empezamos un nuevo ciclo

Los datos recogidos por las agencias espaciales indican que el Sol ha comenzado un nuevo ciclo de actividad (su duración es de once años). Esto conllevará un aumento de su actividad durante los próximos años. En la actualidad tenemos más regiones activas en el Sol y más tormentas solares que hace un par de años.

El próximo máximo solar está previsto para el 2025. Ese será el momento en que se dará el promedio aún más alto de tormentas solares que ahora.

Estamos refiriéndonos a un tipo de tormentas geomagnéticas que pueden llegar a producir la caída de las telecomunicaciones. Por supuesto, también de internet o de la red eléctrica. Es una posibilidad que existe y que los expertos están intentando investigar para que, en caso de producirse, se puedan paliar sus consecuencias.

Ya en 1859 se produjo el conocido como Evento Carrington, la mayor tormenta solar de la que tenemos registros. El nombre se debe a su descubridor: Richard Carrington.

Él se dio cuenta que el fallo en los sistemas de telégrafos de toda Europa y América del Norte se debía a una gran eyección de masa coronal. En aquellos días pudieron verse auroras en latitudes medias, como Roma o Madrid. También en lugares tan insospechados como La Habana o Hawái.

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