Un síndrome de resignación impredecible

Desde hace una veintena de años, el síndrome de resignación trae de cabeza a médicos e investigadores que no encuentran una explicación certera que explique su existencia.

En 1998 se dio el primer caso en Suecia y, desde entonces, cada vez ha sido más frecuente encontrar a niños y adolescentes que padecen el extraño síndrome de resignación.

Estamos hablando de un estado catatónico que, sólo en el mencionado país nórdico, afecta a casi cien nuevos casos anuales relacionados con hijos de refugiados en espera de que las autoridades les concedan el permiso de residencia.

Es precisamente esta relación la que ha creado mayores suspicacias en la opinión pública, pues son muchos los que piensan que los niños que presentan los síntomas están siendo manipulados por sus padres para atraer el foco mediático y así acelerar el proceso de legalización de su residencia.

Sin embargo, en el lado opuesto de la balanza, están los médicos y los especialistas que opinan que el síndrome es real, no fingido, aunque sólo sea por la gran complejidad de los síntomas que presenta y por su naturaleza.

Un estado catatónico muy particular

En una etapa inicial, el niño o adolescente comienza a mostrar un estado de apatía generalizada que le anula el apetito y las ganas de ir a la escuela o de relacionarse. Después, poco a poco, la actividad de quien padece el síndrome va cesando, el niño deja de hablar y, en los casos más graves, cae en un profundo sueño del que no es capaz de despertar.

Se inicia así un estado catatónico en el que el niño puede llegar a necesitar que le ayuden en su respiración y alimentación, esto último gracias al uso de sondas nasogástricas. Es como si la fuerza vital, la vida, le hubiese abandonado el cuerpo y sólo le quedase la carcasa, estado en el que puede permanecer desde unos meses hasta varios años.

El perfil suele ser el de un niño de entre siete y trece años, con padres refugiados y que han huido del horror de una guerra y de zonas de conflicto. Lo más común es que estos niños hayan vivido situaciones dramáticas, como puedan ser la muerte por metralla de familiares y de seres queridos, el estallido de bombas o el hecho de haber afrontado duras travesías para huir de sus países de origen.

Aunque el síndrome se dio a conocer en Suecia y es allí donde se localizan la mayor parte de los afectados, son muchas las ONG que han alertado de la detección de otros muchos casos en diversos países.

Durante un tiempo, los investigadores del síndrome de resignación intentaron relacionarlo con algunos tipos de catatonia provocada por la esquizofrenia, pero pronto se dieron cuenta de que presentaban manifestaciones externas muy diferentes. En el primer caso, en el de la enfermedad mental, se observaban movimientos involuntarios y fuerte tensión muscular, mientras que los niños afectados por el síndrome no mostraban ninguno de estos signos.

Divulgadores de primera fila

A pesar de los escépticos, como ya se ha mencionado, son muchos los especialistas que consideran que el síndrome de resignación es real, destacando entre ellos la otorrinolaringóloga Elisabeth Hultcrantz quien, desde su jubilación, ha venido defendiendo a los «niños apáticos» y ha realizado muchas investigaciones al respecto.

También merece una mención especial el trabajo de Magnus Wennman, quien en el año 2017 dio a conocer, a nivel mundial, el síndrome de resignación gracias a una fotografía suya que ganó el premio World Press Photo en la categoría people (gente). En la fotografía se mostraba a dos hermanas que padecían el síndrome y que permanecían en cama en un estado catatónico.

Foto de Magnus Wennman, ganadora del World Press Photo de 2017 en la categoría people

Posibles tratamientos

Por desgracia, para los casos más graves no se conoce tratamiento de cura posible más allá de los cuidados y de las atenciones que el niño requiera mientras permanezca inconsciente. Resultará fundamental atender tanto sus problemas respiratorios como su alimentación, vía nasogástrica, así como el mantenimiento de una higiene correcta y el cambio de pañales, dado que el niño puede llegar a sufrir incontinencia.

Para casos menos graves en los que el niño permanece consciente, aunque pueda perder facultades como la del habla, resultan fundamentales las terapias individualizadas llevadas a cabo por psicólogos infantiles, también apoyados por otros profesionales como puedan ser psiquiatras y otorrinos. Las terapias en grupo igualmente pueden llegar a convertirse en herramientas muy importantes de recuperación.

En algunas ocasiones, se suelen producir recuperaciones paulatinas de niños que habían permanecido durante un tiempo aletargados y que, poco a poco, van recuperando la consciencia, la movilidad y la capacidad de hablar y de alimentarse. A pesar de que necesitan muchas sesiones de rehabilitación para conseguir que sus músculos y articulaciones vuelvan a ser los de antes, la recuperación puede ser plena, y con el añadido de se da en niños cuyos padres han logrado regularizar su permiso de estancia en el país mientras sus hijos permanecían inconscientes.

Esto ha sido el foco de un gran asombro y sorpresa por parte de la comunidad científica, alimentando la desconfianza y las sospechas de que, al menos, algunos casos sean meros montajes organizados por los padres.

Puede que estos montajes existan, pero los hechos y las evidencias demuestran que el síndrome de resignación es real y plausible.

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